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Los Tres Cerditos. Cuento ilustrado para niños

Los Tres Cerditos. Cuento ilustrado para niños



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Cuento infantil para enseñar el valor del esfuerzo y trabajo a los niños

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El pobre lobo, al deslizarse por la chimenea acabó quemándose con el agua caliente del caldero. Dió un enorme grito y salió corriendo de la casa y nunca más volvió.
Los tres cerditos aprendieron mucho con lo ocurrido. Tanto el perezoso como el glotón aprendieron que sólo con esfuerzo y trabajo se consigue las cosas.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado...

El lobo deslizó por la chimenea de la casa de ladrillo, sin saber lo que le esperaba. Él no sabía que los cerditos habían estado tramando algo. Al final de la chimenea, ¡pusieron un caldero con agua hirviendo! Pobrecito lobo...

Empeñado en entrar en la casa de ladrillos y comer a los tres cerditos como fuera, el lobo trajo una escalera, y subiendo al tejado de la casa, se metió por el pasaje de la chimenea.

Cansado de soplar y sintiéndose muy decepcionado y frustrado por no haber conseguido derrumbar la casa de ladrillo del tercer cerdito, el lobo se enfadó muchísimo, pero no desanimó. Miró a la chimenea de la casa y ¡tubo una gran idea!

El lobo seguía soplando y soplando. Volvió a llenar los pulmones de aire para seguir soplando, y nada. La casa seguía entera. Es más, el lobo ya estaba casi sin aire de tanto soplar y la casa ni siquiera se movía.

Con un miedo tremendo, los tres cerditos cerraron bien las puertas de la casa de ladrillos, pusieron las rejas y se quedaron esperando a que el lobo pusiera en práctica lo que había dicho.
Entonces el lobo empezó a soplar y a soplar, sin parar.

El lobo feroz no tardó mucho en aparecer. Escondido detrás de un pino, el lobo volvió a amenazar a los tres cerditos.
- ¡Ábreme la puerta! ¡Ábreme la puerta o soplaré y tu casa de madera tiraré!
Mientras tanto, los cerditos temblaban de miedo.

El cerdo de la casa de ladrillos recibió a sus hermanos con mucha atención y cariño. Parecía incluso que ya los esperaba. Además, la casa era muy bonita y acogedora.

El lobo se llenó los pulmones de aire y siguió soplando. Sopló tanto la casa, que las tablas de madera se fueron por los aires. Los cerditos, asustados, salieron corriendo en dirección a la casa de ladrillos de su otro hermano.

Pero el segundo cerdito, tan valiente como su hermano, no abrió la puerta de su casa al lobo. Puso las rejas y quedó a la espera para ver si realmente el lobo cumpliría con sus amenazas. Entonces el lobo empezó a soplar y soplar sin parar.

El lobo, que había seguido al primer cerdito hasta la casa de madera de su hermano, ya delante de la casa, empezó a gritar:
- ¡Ábreme la puerta! ¡Ábreme la puerta o soplaré y tu casa tiraré!

Al ver a su hermano desesperado, el segundo cerdito le invitó a que entrara corriendo en su casa de madera, pintada de rojo, para protegerse del lobo feroz.

El lobo siguió soplando y soplando hasta que la casa de paja del primer cerdito se vino abajo. Tras el derrumbe de su casa, el cerdito salió corriendo en dirección a la casa de su hermano, el glotón.

Como el cerdito se metió dentro de su casa de paja, puso las rejas y no abrió la puerta al feroz lobo, el lobo empezó a soplar con mucha fuerza, sin parar.

El lobo no tardó mucho para encontrar a los cerdos y acercarse a la casa de paja del primer cerdito que salió corriendo y se metió dentro de su casa. El lobo, con la voz ronca, gritó:
- Cerdito, cerdito, ábreme la puerta de tu casa. ¡Ábreme la puerta o soplaré y tu casa tiraré!

Cuando cada cerdito ya se encontraba en su propia casa, empezaron a oír los aullidos de un lobo. Es que un feroz y hambriento lobo andaba por el bosque y ya sentía el olor a cerdo.

El tercer cerdito, el más trabajador de los hermanos, decidió por construirse una casa de ladrillos y cemento. Tardaría mucho más en construirla pero estaría más seguro y protegido. Tras un día entero de mucho trabajo, su casa ha quedado preciosa.

El segundo cerdito, un glotón que solo pensaba en comer manzanas, decidió por hacer una cabaña de madera ya que no tardaría mucho en construirla. La hizo muy rápidamente y luego se fue a buscar algo más para comer.

El primer cerdito, el más perezoso de la familia, era tan vago y cómodo que decidió hacer una casa de paja. En un minuto y sin la necesidad de emplear mucho esfuerzo, su choza estaba ya hecha. Y entonces se fue a descansar.

En una preciosa casa del bosque vivían tres felices cerditos. Aunque eran hermanos, ellos eran muy distintos entre sí. Y como ya eran mayores, sus padres decidieron que ya era hora de que construyeran, cada uno, su propia casita, y así lo hicieron.


Video: LOS TRES CERDITOS. cuento infantil (Agosto 2022).